La vida es sueño, de Pedro Calderón de la Barca
La vida es sueño presenta la historia de Segismundo, un príncipe recluido desde su nacimiento, liberado solo para ser sometido a una prueba que definirá su destino. La obra avanza entre percepciones inestables, diálogos que se deslizan entre lo razonable y lo improbable, y escenas que dejan abierta la duda sobre la frontera entre lo vivido y lo imaginado. Calderón arma un espacio donde el orden político, el aprendizaje moral y la experiencia sensorial se entrelazan con una persistente sensación de desajuste: cada gesto parece cargado de una luz que no termina de revelar del todo lo que ilumina. La pregunta por la verdad —si se sostiene por convicción, por hábito o por temor— se vuelve así el eje que acompaña al lector a través de una trama en la que lo real opera siempre con la misma fragilidad que un sueño que, al despertar, aún deja huella.

Pedro Calderón de la Barca (1600-1681) desarrolló su obra en un período en el que el teatro español afinaba sus recursos formales y ampliaba la discusión filosófica dentro de la escena. Su escritura integra preocupación moral, precisión estructural y un estudio constante del conflicto interior. En La vida es sueño organiza una trama que combina el peso de la responsabilidad política, la fragilidad del juicio humano y la dificultad de distinguir entre lo que se elige y lo que se padece. Su interés por estas tensiones le permitió construir una pieza que, aun inserta en la tradición del Siglo de Oro, mantiene una actualidad evidente en la manera en que aborda la libertad y la conducta.




